Un comentario en esta anotación me hace recordar los buenos tiempos prehistóricos en que usábamos teclados MSX y otros no tan prehistóricos. En efecto, como me dice Alain entrar en aquellos primeros laboratorios de computación requería de todo un ritual. Era la época que se estudiaba MSX Basic en el preuniversitario y recién algunas escuelas secundarias habían recibido un único teclado MSX con un televisor en blanco y negro de fabricación nacional, mas una grabadora para los cassettes.
Pasé el preuniversitario en una escuela con 2500 estudiantes. La misma tenía varios laboratorios, no logro recordar cuántos con exactitud. De ellos al menos dos eran de teclados MSX, con unos 15 equipos cada uno. En décimo grado iniciabas el estudio de la computación ahí. Obtener tiempo extra por las noches era una aventura y requería hacer cola, porque muchos querían jugar y no alcanzaban las máquinas. Era la época del poke para recuperar los programas que algún imbécil había borrado de la memoria con new, de esperar cinco minutos escuchando el chirrido de las grabadoras mientras se cargaba el juego y soñar con los laboratorios 3 y 2.
El 3 y el 2 tenían nada más y nada menos que las LTEL 24, máquinas 8088 con monitores en color, torres de diskettes de 5 1/4 y las astronómica cifra de 640Kb de RAM. Durante las noches estaban controlados por la élite: alumnos de concurso de computación. Para llegar hasta allá había que abrirse paso a fuerza de saber programar, en Quick Basic o Turbo Pascal.
Más arriba estaba el codiciado laboratorio 5. Super XT con 1Mb de RAM, más rápidas (unos 8 Mhz por 4 las otras). El reino de la élite de la élite, cada puesto casi que tenía nombre. Por allí pasó lo mejor de Santiago de Cuba: Richard Remedios, el señor Alex Luna, Guido Medina, Edelsi Silega y algunos otros que vinieron depués y heredaron nuestro imperio ya decadente y vencido por el tiempo y las roturas.
Algunos no están entre nosotros, pasaron a mejor vida en otros países. Pero los recuerdo porque fueron mis primeros colegas y ejemplo a seguir.
Modestia parte, me costó esfuerzo pero logré elevarme hasta allí desde cero, sin entrenamiento especial y sin muchos privilegios. Es una época que recuerdo con cariño, a pesar de los malos momentos pasados en la escuela.