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Ubuntu no es una estación de trabajo

Lamentablemente, Ubuntu se ha ido degradando hasta convertirse en una distro casual. Es como el Diamantes o el Zuma, un juego simplón para que la gente mate el tiempo en el horario laboral, con muchas bolitas brillantes. Las bolitas brillantes llaman la atención, hay algo en el cerebro de todos que nos hace querer tener más bolitas brillantes. Si tú no quieres, deberías ir al psicólogo, probablemente tengas algún trauma de la niñez provocado por abstinencia continuada de objetos brillantes.
Convertir Oneiric en una estación de desarrollo está siendo una tarea larga y problemática. En algunos casos cmake falla al encontrar el compilador de C++, algo que había sido un componente esencial de toda distro y que en esta ocasión fue eliminado. Cuando aparto la vista de las bolitas brillantes para fijarme en lo importante, ahí mismo Ubuntu me da un mazazo en el cráneo. Ya veremos cómo termina esta aventura.

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