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El placer de leer los clásicos

Desde hace unos días tenía pensado leer El Conde de Montecristo. Aunque parezca increíble, aún no lo había hecho. Me detenía haber visto la película y conocer más o menos la trama, pero estaba seguro que el texto tendría diferencias con el filme.
Así que hice un alto en la lectura de Heinlein (hablaré de esto más adelante) y desde ayer dedico cada segundo (así mismo, cada segundo) libre a leer esta obra. Ni que decir tiene que me ha cautivado en extremo y me reprocho no haberla leído antes.

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